Claudia Sheinbaum ganó las elecciones en México

México tiene su primera presidenta tras 200 años: la recibirá un país violento.
Sheinbaum será la nueva presidenta y sucederá a Andrés Manuel López Obrador. Obtuvo entre el 58% y el 60% de los votos, según el conteo rápido de la autoridad electoral.
México se incorpora apenas ahora a un listado de 11 naciones latinoamericanas que son o ya han sido gobernadas por mujeres: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua y Panamá.
Este domingo 98.9 millones de mexicanos y mexicanas fueron convocados a las urnas en los que son considerados los comicios de mayor envergadura de toda la historia del país. El Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) comenzó a revelar los primeros datos que dan una clara ventaja para Claudia Sheinbaum por sobre Xóchitl Gálvez, con el 60% de los votos.
El país, de 129,5 millones de habitantes y la segunda mayor economía de América Latina, quebró el domingo un techo hasta ahora inexpugnable para las mujeres en unas elecciones en las que la oficialista ganó con amplia ventaja.
Las mexicanas, que son mayoría tanto en población como en votantes, fueron a las urnas por primera vez en 1955, dos años después de que se aprobara el sufragio femenino. Setenta años después, las dos aspirantes han tenido que enfrentar cuestionamientos a su capacidad de gobernar, solo por el hecho de ser mujeres.
Sobria e impasible, Claudia Sheinbaum, una científica brillante a la cual su rival llama «dama de hielo», se convirtió en la presidenta de un México machista, de tragedias y pasiones.
Tanto en su militancia estudiantil en los años 1980, como en su primer cargo público como secretaria de Medio Ambiente de Ciudad de México (2000-2006), proyectaba seriedad y enfoque. De rostro imperturbable, rara vez sonreía.
Lo que ahora le espera a Sheinbaum es un territorio a gobernar con muchas cuentas pendientes con las mujeres. Las desapariciones y asesinatos son tantos cada año que se cuentan con números y ya no con nombres, la equidad laboral sigue lastrada por los roles de cuidados domésticos y la religión aún condiciona el acceso a derechos sexuales y reproductivos.