El voto bonaerense que nadie vio venir: Kicillof resucitó al kirchnerismo y dejó tambaleando a Milei

Lunes 8 De Septiembre De 2025
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En términos políticos, la derrota del Presidente es categórica. Trece puntos abajo en la provincia más populosa es una tragedia para cualquier oficialismo

La democracia volvió a dar una lección inesperada. Con una diferencia de 13 puntos en la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof protagonizó un triunfo que no solo sorprendió a las encuestas —todas fallaron—, sino también a la política y al periodismo. Nadie vio venir la magnitud de lo que ocurrió el domingo.

El resultado fue mucho más que una victoria provincial: fue un voto castigo contra Javier Milei y contra la manera en que su gobierno viene gestionando la política. La expectativa oficial era sellar el destino del kirchnerismo, poner el “último clavo en el cajón” del movimiento que gobernó gran parte de las últimas dos décadas. Pero sucedió lo contrario: el clavo no cerró nada, la tapa del cajón se levantó y el muerto parece dispuesto a resucitar.

El gran ganador

Kicillof emergió como el gran ganador de la noche.

Ganó seis secciones electorales, conquistó más de 80 municipios y tiñó de celeste un mapa que se esperaba violeta. La provincia de Buenos Aires se convirtió en la plataforma desde donde el ex ministro ya proyecta, sin disimulo, su candidatura presidencial.

Los responsables de la derrota

No se trató de un error aislado, sino de una mala praxis política. En el corazón del armado libertario, los grandes derrotados tienen nombre y apellido: los Menem y Sebastián Pareja.

Su estrategia de cierre de listas dejó afuera al mileísmo genuino, relegó a los jóvenes en un partido que se alimenta de entusiasmo juvenil y terminó privilegiando a reciclados de otros espacios, muchos de ellos impresentables.

La soberbia hizo el resto.

Los libertarios se pelearon con intendentes del PRO y del radicalismo bonaerense, despreciaron a fiscales y votantes aliados, y eligieron confrontar con todos: medios, empresarios, gobernadores, periodistas.

Un gobierno no se construye a los gritos ni con resentimientos permanentes.