La gestión municipal en Comodoro Rivadavia: un derroche descarado en tiempos de crisis

En plena crisis económica y social, la municipalidad de Comodoro Rivadavia entiende muy poco sobre responsabilidades y prioridades. En los últimos días de noviembre, el secretario general de la Asociación de Personal Jerárquico Municipal, Roberto Astete, anunció la emisión de un bono excepcional para empleados municipales que, lejos de ser una ayuda razonable, representa un despilfarro obsceno de los fondos públicos.
El acuerdo paritario, que establece una pauta salarial anual del 32,12%, incluye además dos bonos extraordinarios que afectan el presupuesto municipal e impactan de lleno en las finanzas de 2026. Los trabajadores beneficiados son entre 2.300 y 2.400, quienes recibirán un total que suma más de 2.640 millones de pesos solo en bonificaciones extras. Para ponerlo en perspectiva, esta cifra supera ampliamente la inversión destinada a obras comunitarias que mejoran la calidad de vida de barrios enteros.

Mientras la ciudad aguarda mejoras reales en infraestructura y servicios, la municipalidad destina cerca de 780 millones de pesos a un bono que solo premia el vínculo laboral estatal. La comparación con el monto invertido en proyectos esenciales es contundente: solo la ejecución de redes cloacales supera los 1.258 millones y la suma para obras de gas, iluminación y pavimento en cinco barrios apenas sobrepasa los 600 millones. En otras palabras, el derroche en una sola área supera lo invertido en mejoras palpables para la comunidad.
Este escandaloso privilegio no se replica en el sector privado; médicos, bomberos, comerciantes, o trabajadores autónomos carecen de este tipo de “beneficios especiales” a pesar de su esfuerzo diario y las dificultades que enfrentan. La gestión municipal, en cambio, parece despreciar la necesidad de emplear los recursos públicos en beneficio colectivo y opta por atesorar fondos en bonos que sólo privilegian a un grupo limitado de empleados.
En momentos en que la austeridad debería ser la regla y la inversión en infraestructura, salud y servicios públicos, la excepción, la municipalidad elige el camino cómodo y populista del gasto excesivo. Este derroche no solo es un insulto para la comunidad que sufre las consecuencias de la crisis, sino también una muestra clara de la incapacidad de quienes manejan el erario público para administrar el presupuesto en función de las verdaderas necesidades ciudadanas.
El reparto de estos bonos es más que una simple decisión administrativa; es una señal inequívoca de la pésima gestión que arrastra a Comodoro Rivadavia hacia una quiebra moral y financiera. Es momento de exigir cuentas claras y decisiones que prioricen a toda la comunidad, no sólo a un sector protegido a costa del bienestar general.