Más del 8% de la humanidad pasa hambre en todo el mundo

Jueves 6 De Noviembre De 2025

Más del 8% de la población mundial, o alrededor de 673 millones de personas, no tienen suficiente comida y pasan hambre, según los datos de la ONU.
Mientras las guerras se intensifican y el cambio climático impacta cada vez más la producción agrícola, la comunidad internacional hace un llamado a la colaboración global para crear un futuro con seguridad alimentaria.

Inseguridad alimentaria

Los conflictos, el cambio climático y la desigualdad influyen, pero existen otras razones detrás de la llamada “inseguridad alimentaria”.
Los conflictos armados, como los de Gaza, Sudán y Ucrania interrumpen la producción de alimentos, las cadenas de suministro y el acceso a los mercados, y provocan el desplazamiento de población, generando una grave inseguridad alimentaria para millones de personas.
En Haití, se estima que 5,7 millones de personas -cerca de la mitad de la población-, muchas de los cuales han huido de sus hogares debido a la violencia, se enfrentan a un deterioro de la seguridad alimentaria, con la sorprendente cifra de 1,9 millones en situación de emergencia.
La ONU proporciona ayuda alimentaria inmediata a las poblaciones que enfrentan una inseguridad alimentaria aguda en zonas de conflicto, sobre todo mediante el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
Las comunidades afectadas también reciben semillas, ganado y herramientas agrícolas para que puedan cultivar sus propios alimentos y no tengan que depender de la ayuda.

Cambio climático y fenómenos meteorológicos extremos

La creciente variabilidad climática, incluyendo sequías, inundaciones y olas de calor, afecta negativamente la capacidad de los agricultores para producir alimentos. Esto socava la productividad agrícola y la disponibilidad de alimentos, especialmente en las regiones vulnerables.
Somalia, Sudán, Sudán del Sur, Mali, Burkina Faso, la República Democrática del Congo, Nigeria y Etiopía enfrentan una inseguridad alimentaria aguda causada por una combinación de conflicto, sequías, inundaciones y desertificación. Somalia, por ejemplo, está experimentando su peor sequía en cuatro décadas, lo que agrava años de conflicto y desplazamiento.
La ONU promueve prácticas agrícolas resilientes al clima para mitigar el impacto de las crisis ambientales y adaptarse a las nuevas normas climáticas, como la técnica agrícola de la media luna en la región africana del Sahel.

Crisis económicas e inflación

Las recesiones económicas mundiales y regionales, el aumento de los precios de los alimentos y la energía, y la inflación se han combinado para reducir el poder adquisitivo y el acceso a alimentos nutritivos, especialmente en los países de bajos ingresos.
La pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania y las crisis climáticas contribuyeron al aumento repentino de los precios de los alimentos entre 2020 y 2024. A medida que los precios de los alimentos subieron, los salarios reales cayeron y la inflación se apoderó de las personas, especialmente en los países de bajos ingresos, que tuvieron menos capacidad para comprar alimentos nutritivos y, a menudo, consumieron menos comidas al día.
Durante periodos de crisis económicas e inflación, las Naciones Unidas intensifican la distribución de raciones de alimentos y suplementos nutricionales, además de proporcionar transferencias monetarias para ayudar a las familias a comprar alimentos localmente, apoyando así tanto la nutrición como los mercados locales.

Pobreza estructural y desigualdad

La pobreza y la desigualdad social profundamente arraigadas limitan el acceso a los alimentos y los recursos, especialmente en las comunidades rurales y marginadas, lo que perpetúa el hambre crónica. Los bajos ingresos, las infraestructuras deficientes y los servicios locales deficientes a menudo implican que las personas de comunidades marginadas (y especialmente las mujeres y los grupos indígenas) no tengan acceso a víveres suficientes.
Casi 700 millones de personas viven en pobreza extrema a nivel mundial, y dos tercios residen en África subsahariana.
La ONU, a través de diversas agencias, busca fortalecer los sistemas de protección social y alejarse de la ayuda humanitaria centrada en las crisis para adoptar un modelo en el que los países de bajos ingresos impulsen el desarrollo de sistemas alimentarios resilientes, inclusivos y sostenibles.
Este enfoque empodera a las comunidades para reducir el hambre, fortalecer la capacidad local y mejorar la seguridad alimentaria a largo plazo.

Interrupciones comerciales y volatilidad del mercado

Las restricciones a la exportación, los aranceles y la volatilidad de los precios de las materias primas pueden desestabilizar los mercados alimentarios, haciendo que la comida sea menos asequible y accesible en los países con déficit alimentario.
Bangladesh, Pakistán y Sri Lanka se enfrentan a la volatilidad de los precios de los alimentos y a los desafíos de la deuda. Estos problemas se exacerban por la incertidumbre de las políticas comerciales, especialmente los aranceles globales y la inflación. Esto, en última instancia, limita el acceso de las personas a alimentos asequibles.
Brasil y México han revisado a la baja su crecimiento debido a las tensiones comerciales y la inflación, lo que ha debilitado el gasto de los consumidores y aumentado la inseguridad alimentaria entre las poblaciones de bajos ingresos.
La ONU trabaja de diversas maneras para apoyar a los países afectados: monitorea los precios globales, ofrece orientación política y ha coordinado respuestas internacionales para ayudar a los países a sortear las crisis interrelacionadas de alimentos, energía y finanzas. Estos esfuerzos buscan estabilizar los mercados y proteger a las poblaciones vulnerables.

REFERENCIAS HAMBRE