Morir con las botas puestas

Domingo 14 De Septiembre De 2025

Tras la derrota electoral en PBA, Milei anunció que no retrocedería un milímetro. Pero el resultado electoral sugiere que tal vez deba buscar una combinación donde la inflación no sea tan baja pero el consumo mejore un poco.

El ministro de Economía Luis Caputo advirtió el martes a empresarios del sector asegurador que “en 2027 la opción es esto o el comunismo”. La afirmación podría atribuirse al estado de shock posterior a la sorpresiva y contundente derrota electoral. Pero hay algo más que eso. Antes que él, el propio presidente Javier Milei calificó muchas veces como “enano soviético” o “enano comunista” Axel Kicillof, el triunfador de la elección bonaerense. El cancionero de la exitosa campaña libertaria de 2023 incluía un hit cuyo estribillo decía: “No me importa el kirchnerista, el macrista, el radical, queda claro en la Argentina: ¡Comunismo o libertad!”. Así que la expresión de Caputo obedece a una tradición y tal vez en la cúpula del Gobierno teman de verdad que el comunismo sea una amenaza real para el futuro argentino.

Hay, realmente, muchas razones para fundamentar por qué es absurdo calificar a Kicillof como comunista. Da cierta pereza enumerarlas. Pero lo relevante no es la precisión conceptual de Caputo sino los efectos letales de su acusación. Si su interlocutor fuera un empresario sereno o informado, se dará cuenta que el ministro exagera demasiado, o que está desesperado, o pensará que desvaría. No se irá tranquilo de la charla. Si, en cambio, el interlocutor piensa que el comunismo es una amenaza real y que el resultado electoral lo acerca peligrosamente, se irá aún menos tranquilo que el anterior. Uno huirá asustado por el ministro, el otro asustado por la posibilidad de quedar atrapado por la cortina de hierro. No parece un método para promover la confianza en el país, mucho menos en tiempos tan turbulentos, donde el dinero es tan necesario para que el Gobierno sobreviva.

Esa reacción de Caputo refleja bastante la manera confusa con que el oficialismo reaccionó ante la sorpresiva paliza del domingo. En principio, el Presidente anunció que no retrocedería un milímetro, que se pondría al frente de todo –como si antes no lo hubiera estado-, y dejó trascender que solo si lo matan abandonaría el modelo económico, cosas que ya había dicho antes en público. Decidió, entonces, vetar la ley universitaria y la ley de emergencia pediátrica, pese a que ambos temas –especialmente el segundo- contribuyeron a construir la imagen de crueldad con la que carga. Anunció también la conformación de una mesa política con los mismos integrantes que la semana anterior. Elevó la cartera de Interior a la categoría de Ministerio, pero colocó al frente de esa estructura al mismo hombre que estaba antes. Además, celebró una tibia manifestación de apoyo del Fondo Monetario, igual que lo venía haciendo antes del domingo.

 Aunque la inteligencia artificial pueda transformarla en un episodio heroico, una derrota es una derrota. Y no es bueno para un país, encima uno tan golpeado, que los presidentes terminen mal.

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