«Pequeño J» negó ser el cerebro del triple femicidio: «Me están echando la culpa»

La fuga de los dos hombres más buscados de Argentina, también en Perú y Bolivia, llegó a su fin este martes, cuando ambos fueron atrapados, con horas de diferencia, en el país andino.
Se trata de Tony Janzen Valverde Victoriano, alias Pequeño J, y su ladero Matías Agustín Ozorio. Y, aunque ambos enfrentan la misma acusación por el cruento narco femicidio de Lara Gutiérrez, Morena Verdi y Brenda del Castillo en Florencio Varela, serán enviados por dos mecanismos diferentes: la extradición, en el caso del supuesto jefe de la banda, y la expulsión en el caso de su ladero.
Las autoridades policiales sostienen que la principal hipótesis es que el asesinato de las argentinas habría estado motivado por el robo de tres kilogramos de cocaína
Tony Janzen Valverde Victoriano, más conocido como “Pequeño J”, era uno de los prófugos más buscados de la Argentina.
Pero su caída en Perú sorprendió a todos por lo insólito y poco profesional de su fuga. El martes a la noche, la policía lo encontró escondido arriba de un camión Volvo, casi como un linyera, y lo detuvo gracias a un error increíble: seguía usando el mismo celular que tenía en Buenos Aires.
Mientras era trasladado, los periodistas locales le preguntaron sobre el triple femicidio y el de forma inmediata aseguró: «No tengo nada que ver». Valverde Victoriano agregó a su defensa ante las cámaras: «Me están echando la culpa nada más, no matamos a nadie. Tienen que encontrar al culpable porque yo no tengo nada que ver».
Sobre el arresto de este joven, las fuerzas de seguridad relataron que habían estado rastreando sus movimientos mediante antenas, lo que permitió desplegar un operativo en la ruta para detener el vehículo y descubrirlo oculto.
La detención se produjo poco después de que fuera atrapado Matías Agustín Ozorio, su mano derecha.
La caída de Ozorio también estuvo marcada por la improvisación: se había fugado de Villazón cuando la policía boliviana capturó a Lázaro Víctor Sotacuro, acusado de brindar apoyo logístico a los asesinos. Ambos habían llegado desde Argentina en un micro de línea, Sotacuro con su nombre real y Ozorio usando una identidad falsa.
Con cada paso, la banda dejaba más pistas y testimonios, lo que facilitó el trabajo de los investigadores.
La investigación por el triple crimen de Florencio Varela reveló que la organización de “Pequeño J” era una banda menor, sin peso en la Villa 21-24 de Barracas ni en la 1-11-14 del Bajo Flores, como se pensó en un principio.
Sin embargo, la brutalidad de sus crímenes superó ampliamente su capacidad operativa como narcotraficantes. La fuga, marcada por errores y falta de logística, terminó confirmando ese perfil.