Siria, entre el yihadismo, la lucha de facciones y la renovada injerencia extranjera

Martes 10 De Diciembre De 2024

La Coalición Nacional Siria, principal organización opositora, apoyada por Turquía, y Hayat Tahrir al Sham, grupo fundamentalista al frente de la ofensiva, son los actores predominantes sobre los que se abrirá un posible periodo de transición

Con Rusia e Irán fuera de juego, Israel, Turquía y EEUU quieren utilizar la desunión entre las facciones rebeldes para imponer sus intereses en el incierto tablero de Siria.

La doble guerra lanzada por Israel en Gaza y el Líbano ha desbaratado Oriente Medio para mayor beneficio del estado hebreo, respaldado siempre por Estados Unidos. Siria aparece como el último naipe derribado en una crisis que ya afecta a toda la región, en la que ahora se ve el papel clave que estaba jugando Turquía. Un rol que desafía la estrategia de Washington, su aliado en la OTAN. La Casa Blanca de momento se conforma con que Rusia e Irán se replieguen de Siria con el rabo entre las piernas y a la espera de acontecimientos.

En la caída del régimen del dictador sirio Bachar al Asad ha tenido mucho que ver la debilidad de sus aliados en la región, Irán y Hizbulá, acosados por Israel en el Líbano. También ha contado el desinterés de Rusia, que ha primado su guerra en Ucrania sobre sus veleidades geopolíticas en Oriente Medio como protector del régimen de Bachar al Asad, el ya expresidente acogido en Moscú tras la entrada de los opositores sirios en Damasco.

El Kremlin ya sabía desde días atrás que el tiempo de Al Asad estaba finiquitado y que Siria se había convertido en un desagüe de fondos para el ejército ruso, cuando sus aviones cazabombarderos del aeródromo militar de Khmeimim, en la provincia siria de Lakatia, y sus buques de guerra, en la base naval de Tartús, podrían desempeñar un papel más importante en el frente ucraniano y el mar Negro, respectivamente.

La aviación rusa hizo un poco el paripé con el bombardeo de Alepo cuando esta ciudad siria fue asediada la semana pasada por uno de los grupos insurrectos, pero pronto quedó claro que el empuje opositor era imparable y que no era éste el escenario que en 2015 llevó a los cazas y bombarderos rusos a proteger con éxito al régimen sirio del acoso del Estado Islámico y otros grupos rebeldes.

El sonido de los disparos de celebración llenó las calles de Damasco en las horas posteriores al colapso del régimen del presidente Bashar al-Assad.

Pero las escenas jubilosas del fin de semana que saludaron el fin de medio siglo de tiranía no pudieron ocultar la magnitud del desafío que enfrentan los rebeldes islamistas victoriosos cuyo avance relámpago sobre la capital siria capturó la atención del mundo.

Esos rebeldes, liderados por el grupo Hayat Tahrir Al-Sham (HTS), ahora deben tratar de unir a un país dividido por más de una década de guerra civil, en la que persisten docenas de milicias fuertemente armadas y restos del antiguo régimen.

Los rebeldes habían soñado con este día durante años, pero incluso ellos parecen haberse sorprendido por la velocidad y facilidad de su avance.

Ahora su prisa es mantener tapada la caja de Pandora de Siria, evitar un vacío de poder y prevenir el tipo de caos que surge casi inevitablemente cuando un régimen de 50 años cae en cuestión de días.


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